martes, 28 de abril de 2009

MICROCUENTOS EN 100 PALABRAS

ZOOLÓGICO.
No entendía por qué razón la tortuga había escondido la cabeza en su caparazón, cuando la mayoría le gritaba en diversos tonos. Pensé primero que era de temor ya que imaginaba que con sus grandes ojos dulces nos veía como a energúmenos gesticuladores. Luego, que era una actitud de vergüenza, porque, tal vez, los gritos se debían a su aspecto torpe y desmañado. Pensé otras cosas, aunque tampoco entendía, claramente, por qué la gente gritaba de esa forma a la lentitud de la tortuga, ya que eso es lo que era. Cuando emergió, comprendí que su vergüenza era por nosotros.

TRANSPARENCIA.

Él jamás contó a nadie un cuento de la manera clásica. Nunca dijo, por ejemplo, “Había una vez”. Menos aún utilizó la otra forma tradicional que comenzaba, “Erase una vez”. No, no lo hizo. Averiguó otras maneras, eligió otras palabras, buscó otras imágenes. Y cuando alguien le preguntaba qué le gustaría ser entre estas dos opciones, alhaja o transparencia, él callaba. No estaba seguro. Sabía que ser joya podía ser muy valioso. Se imaginó, entonces, como diamante con miles de puertas luminosas. Pero decidió ser transparencia porque su mayor interés era conseguir la difícil sencillez y claridad en sus relatos.

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